30 de abril de 2015: El planeta que está más cerca del Sol es, irónicamente, uno de los más fríos.
Ese es solo uno de los muchos e increíbles descubrimientos sobre
Mercurio que la nave espacial MESSENGER* (MErcury Surface, Space
ENvironment, GEochemistry and Ranging, en idioma inglés, o Superficie,
Ambiente espacial, Geoquímica y Cálculo de la Distancia de Mercurio, en
idioma español) hizo llegar a la Tierra durante los últimos 7 años. Hoy
más temprano, la misión llegó a su fin con un choque tan espectacular
como lo son algunos de sus hallazgos.

Los controladores de la misión, en el Laboratorio de Física
Aplicada de la Universidad Johns Hopkins (Johns Hopkins University
Applied Physics Laboratory, en idioma inglés), ubicado en Laurel,
Maryland, han confirmado que MESSENGER chocó contra la superficie de
Mercurio el 30 de abril a las 3:26 de la tarde (EDT – hora diurna del
Este). La nave había usado el último de sus propulsores el 24 de abril y
no pudo mantener una órbita estable. Viajando a alrededor de 14.082
kilómetros por hora (8.750 millas por hora), la nave espacial que caía
en picada hizo un cráter nunca visto en el lado del planeta que está
opuesto a la Tierra.
“Extinguiéndose con un estruendo al impactar contra la superficie
de Mercurio, estamos celebrando que MESSENGER es más que una misión
exitosa”, dice John Grunsfeld, un administrador asociado del Directorio
de Misiones Científicas, en las oficinas centrales de la NASA, ubicadas
en Washington.
“Ahora, comenzamos la siguiente fase de esta misión:
analizar los emocionantes datos que ya están en los archivos y develar
los misterios de Mercurio”.
Estos son algunos de los hallazgos más importantes que MESSENGER ha revelado hasta el momento:
La cara oculta de Mercurio: A mediados de la
década de 1970, cuando la nave Mariner 10 sobrevoló Mercurio tres
veces, la sonda tomó imágenes de menos de la mitad del planeta. Hasta
que llegó MESSENGER, el resto de Mercurio era un misterioso terreno.
MESSENGER fue la primera nave espacial que vio la totalidad de la
poderosa cuenca Caloris (uno de los accidentes geográficos más grandes y
más jóvenes del sistema solar creados por un impacto). Además,
MESSENGER detectó respiraderos volcánicos ubicados alrededor del borde
de la cuenca, lo que demuestra que el vulcanismo, y no solamente los
impactos, ha dado forma a la superficie del planeta más interior.
La ironía de los polos de Mercurio: Mercurio
parecería ser un lugar improbable para hallar hielo. Pero la
inclinación del eje de rotación de Mercurio es prácticamente cero (menos
que un grado); por lo tanto, el piso de los cráteres en los polos del
planeta nunca ve la luz del Sol. Los científicos sugirieron hace décadas
que podría haber agua congelada atrapada allí. La idea recibió más
respaldo en el año 1991, cuando el radiotelescopio de Arecibo, en Puerto
Rico, y la antena Goldstone, ubicada en California, detectaron
reflexiones de radar inusualmente brillantes, las cuales emanaban de los
polos de Mercurio (la clase de reflexiones que produciría el hielo).
Desde la órbita de Mercurio, MESSENGER pudo mirar hacia abajo y ver los
polos del planeta como no ha podido hacerlo ninguna otra nave espacial o
telescopio, y confirmó lo improbable: los cráteres que están
permanentemente en sombras cerca de los polos de Mercurio tienen
temperaturas menores que -173°C (280°F), y el hielo de agua es estable
en sus superficies oscuras más internas. Parte del hielo polar está
cubierto por un misterioso material orgánico oscuro que los
investigadores todavía no conocen bien.

El planeta increíble que se está encogiendo:
Los accidentes geográficos tectónicos que predominan en Mercurio son
enormes acantilados llamados “escarpes lobulados”. Incluso antes de que
existiera la nave espacial MESSENGER, los investigadores pensaban que
estos escarpes eran signos de un encogimiento global, como las “arrugas”
de una pasa de uva. ¿Por qué se encogería Mercurio? El núcleo del
planeta conforma un descomunal 60–70% de su masa. El enfriamiento de
este núcleo de gran tamaño ha llevado a una notable contracción del
planeta. Las imágenes de los escarpes lobulados proporcionadas por
MESSENGER muestran que la contracción total es de dos a siete veces
mayor que lo que pensaban los investigadores.
Magnéticamente hablando, Mercurio está vivo:Hasta
que la nave Mariner 10 descubrió el campo magnético de Mercurio, en la
década de 1970, la Tierra era el otro único planeta terrestre conocido
que tenía un campo magnético global. El agitado núcleo caliente de la
Tierra, que está formado por hierro líquido, genera el magnetismo de
nuestro planeta a través de un mecanismo llamado dínamo magnética. El
campo de Mercurio ha confundido a los investigadores porque se suponía
que su núcleo de hierro había terminado de enfriarse hace mucho tiempo y
que entonces dejó de generar magnetismo. Algunos investigadores
pensaban que el campo puede haber sido una reliquia del pasado,
congelado en la corteza externa. Los datos proporcionados por la nave
espacial MESSENGER muestran lo contrario: El campo de Mercurio parece
generarse gracias a una dínamo activa en el núcleo del planeta. No es
una reliquia.
Un planeta con una cola: Mientras orbitaba Mercurio, MESSENGER hizo su primera observación
in situ
de la singular exosfera de Mercurio. La exosfera es una atmósfera
ultradelgada donde los átomos y las moléculas están tan separados que es
más probable que choquen contra la superficie antes de que colisionen
entre sí. Este material deriva principalmente de la superficie misma de
Mercurio, levantado por la radiación solar, el bombardeo del viento
solar y la evaporación de meteoroides. La nave MESSENGER pudo determinar
la composición química de la exosfera (hidrógeno, helio, sodio, potasio
y calcio) y también monitorizar el material a medida que adoptaba la
forma alargada, similar a la cola de un cometa, de 2 millones de
kilómetros, debido a la acción del viento solar. Esta cola, así como el
campo magnético de Mercurio, fue con frecuencia azotada por la actividad
solar durante la prolongada misión de MESSENGER, lo que confirió a la
nave espacial una vista de cerca del más crudo clima espacial del
sistema solar.
Además de los descubrimientos científicos, la misión aportó muchos
dispositivos tecnológicos de vanguardia, entre los que se incluye el
desarrollo de una sombrilla de tejido cerámico que protegió los
instrumentos y los dispositivos electrónicos de la nave espacial de la
feroz radiación del Sol.
“La parte de adelante de la sombrilla experimentó constantemente
temperaturas superiores a 300° C (570° F), mientras que la mayor parte
de los componentes ubicados siempre a su sombra operó cerca de la
temperatura ambiente (20° C o 68° F)”, dijo Helene Winters, la directora
del proyecto de la misión, en el Laboratorio de Física Aplicada de la
Universidad Johns Hopkins. “Esta tecnología destinada a proteger los
instrumentos de la nave espacial fue clave para el éxito de la misión
durante las operaciones principales y también en las sucesivas
operaciones”.
¡Adiós, MESSENGER; y gracias!
*N. de la T.:La traducción al idioma español del acrónimo MESSENGER es “Mensajero”.